Richard Berman, también conocido como Mr. Evil, es un abogado y lobbista afincado en Washington de estrecha relación con las más altas esferas republicanas, quien a través de diferentes organizaciones financiadas por grandes corporaciones lideró violentas campañas contra candidatos demócratas, sindicatos gremiales, el sistema de salud pública, fundaciones por las leyes antitabaco y grupos contra la obesidad infantil y el maltrato industrial de animales. "El trabajo de mi padre revolucionó las políticas republicanas y las hizo mucho más agresivas. Conviví con eso desde chico, así que todo ese tema me afecta de manera personal: me cuesta mucho separar mi crianza de lo que veo en la televisión", confesó el músico en una reciente entrevista radial. En aquella carta de 2009 había escrito: “Mi padre es un explotador. Un canalla. Un hijo de puta histórico. Hace años demandé que si no cerraba sus compañías terminaría con nuestra relación, pero no solo se negó sino que se ha vuelto peor. Más diabólico. Más poderoso”.

Alertados por la mina de oro que relucía en esa compleja vida que mezclaba la poesía marginal con las mecánicas de la política más despiadada, la gente de HBO se contactó con Berman para ofrecerle escribir el guión de una serie basada en su vida. “Iba a ser una serie acerca de un negocio como el de mi padre y había un personaje que era el hijo, un poeta adicto al crack que cae en rehabilitación y al salir se mete en la empresa de su padre, porque lo había perdido todo. El problema es que el personaje del padre iba a ser como Tony Soprano, o sea, era inevitable que te terminara cayendo bien. Iba a ser el regalo más grande que él pudiera haber visto, iba a poder decir ‘¡Ese soy yo, ese soy yo!’. Así que no pude hacerlo”. La relación de David con su padre en los últimos años estaba lejos de mejorar: “Estamos en el mismo lugar en el que estuvimos en los últimos veinte años. Él dice que tengo un problema personal con él, lo cual no es cierto, el problema es con lo que hace. Pero eso hace que sea más fácil para él decir que estoy loco, que soy un adicto que nunca se recuperó”. Basta leer el soberbio mensaje que su padre dejó en las redes tras el fallecimiento de su hijo para entenderlo: “A pesar de sus problemas, siempre será mi hijo especial. Voy a extrañarlo más de lo que él pudo darse cuenta”.

FRÍO Y OSCURIDAD

A partir de esas cartas comenzaron sus diez años de encierro, una época en la que se recluyó en sí mismo y en la lectura al punto de terminar separándose de su mujer (en la charla nos contó que uno de los libros que mas disfrutó en esos días fue Bartleby y Compañía, de Enrique Vila-Matas, una obra que aborda la vida de escritores que decidieron dejar de escribir, incluso la de algunos que nunca lo hicieron). En los últimos años, cuando comenzó a escribir las canciones que formarían parte de su regreso, David probó primero con la producción de Dan Bejar, de Destroyer, pero no funcionó. Tampoco con Jeff Tweedy de Wilco, hasta que finalmente se contactó por mail con Jarvis Taveniere y Jeremy Earl, de la banda Woods, y ahí todo comenzó a cerrar: “Hicieron un trabajo fantástico, fantástico. Siempre pienso que la mejor manera de conseguir un buen sonido es con un artista que te guste y trabaje en la producción de sus discos pero nunca haya producido a otro. Por eso primero hicimos algo con Dan Bejar. También con Jeff Tweedy: grabé algunos demos en su estudio y él justo estaba ahí y tocó en ellos. Sonaba genial, pero estaba muy ocupado y su idea era ‘Bueno, podemos hacerlo pero en estas condiciones: terminá el demo y me lo mandás y más adelante trabajo con las sobregrabaciones’. Por supuesto no sonaba como la situación ideal. Mi idea era tener algo más de feedback, así que no funcionó”.

Otra que no funcionó fue la de Frank Black…

¡Ja! ¡Esa definitivamente no funcionó!

Todo sucedió en 1994, al final de un show solista del cantante de los Pixies en Nueva York. Berman se acercó a él para dejarle un CD con demos de lo que sería un próximo disco y preguntarle si estaría interesado en producirlo, pero Black, al parecer, no se mostró muy a gusto con tener un invitado inesperado en su camarín. “Empezó a decirle a sus asistentes cosas del tipo ‘¿Qué hace este acá, quién lo dejó pasar?’. Me enojé tanto que le lancé el CD como una estrella ninja, creo que le pegué en el brazo”. El cantante de los Pixies se puso como loco y su manager llamó a un policía que enseguida esposó a Berman, que le gritaba a Frank Black: ‘¿¡Tan cagón vas a ser para hacer que me arresten por esto!?’. “Al final entró en razón y no hicieron ninguna denuncia, pero la historia llegó a las páginas de la revista británica Melody Maker y la titularon ‘Judío provoca a Negro’”, recordó Berman entre risas.

Una vez encaminado el disco junto a los Woods, Berman decidió que su nuevo proyecto se llamaría Purple Mountains, imagen que expropió de una popular arenga patriota estadounidense compuesta a finales del siglo XIX. “Durante estos últimos diez años tuve al menos cien noches en las que sentí que no llegaría a la mañana, y la depresión se hacía peor al no estar haciendo nada. Terminar el disco me ayudó a sentirme mejor”, contó en una de las últimas entrevistas que dio. Las letras muchas veces abordan metáforas sobre la muerte, temas como “All my Happiness is Gone” (“Toda mi felicidad se fue”), “Nights that Won’t Happen” (“Noches que no sucederán”) o “Darkness and Cold”, (“Frío y oscuridad”). De hecho este año había grabado junto a Cassie un video para esa última canción: ella actúa de sí misma mientras él deambula a su alrededor interpretando a un fantasma abatido y desganado que continúa habitando la casa donde vivieron juntos durante más de diez años (allí, de hecho, fue filmado). Incluso en un momento toca el interruptor de la luz, como si cada tanto se viera obligado a cumplir con su rol de fantasma. ¿Fue acaso su última gran broma para ella, algo con que sacarle una sonrisa desde el otro lado jugando con lo que nadie se atrevería? Ya bastante sorprendente resultaba más allá de eso que invitara a su ex para participar de un video en el que ella se maquilla mientras él la observa y canta cosas del tipo “La luz de mi vida va a salir esta noche/ mientras el sol se pone en el oeste/ la luz de mi vida va a salir esta noche/ con alguien que acaba de conocer”. Durante la entrevista le preguntamos por ese video: “Cassie fue parte de los Silver Jews y no podía ignorar el hecho de que nos habíamos separado, y de todos modos era buen material para una canción. Para los dos fue de alguna manera sanador, como esa frase de Andy Warhol: ‘Si tenés un problema sacale una foto. Vas a tener una foto de un problema, algo diferente a solo tener un problema’. Igual al comienzo estaba un poco nervioso, pensaba ‘¡Dios, esto sí que es mezclar arte y vida!’. Me preocupaba qué pensaría la gente, o si estaría haciéndole mal a ella con todo eso. Pero lo hicimos con mucho cariño, y nos hizo bien hacerlo. De todos modos la separación no fue hostil, de hecho ninguno de los dos empezó otra relación y ella sigue siendo mi única familia”.

 

Es difícil saber si su último disco fue planeado como una despedida. Las señales, al fin y al cabo, estuvieron a lo largo de toda su carrera, aunque es cierto que sobre el final se volvieron más intensas. Y aún con todo el dolor que guardan sus letras, Purple Mountainses desde lo musical su disco más accesible (“Me gustan las melodías que pueden tocarse al piano con la nariz”, dijo en un momento de la charla) y probablemente el ideal para sumergirse en su obra. La obra lúcida y reconfortante de un artista que supo plantarse con dignidad y que hizo más llevaderos nuestros días practicando con maestría la cálida alquimia de transformar en belleza su dolor.

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